De los planes a la acción

de los planes a la acción

 

Nos dicen que saltemos, que nos lancemos de cabeza, que volemos alto… Y nos morimos de miedo. Lógico. Esto pinta peor que un vuelo en Ryanair. A veces las frases hechas tienen el poder de deshacer el ánimo de los más valientes. Así no hay decisión que no se tome sin su poquito de ansiedad, lloros, ruegos y preguntas, infartitos y arritmias varias. ¿Quién es capaz de mantener el ánimo con semejantes metáforas? ¿Quién no teme dar un paso en falso cuando todas las expresiones que usamos nos representan al borde de un abismo? ¿Cómo narices vamos a pasar de los planes a la acción sin temer por nuestras vidas y el futuro de la galaxia?

Me apetecía escribir sobre este tema locamente, pero reconozco que me ha costado encontrar el enfoque. Porque hay mil posts en los que te cuentan cómo pasar de los planes a la acción en 3, 4 ó 5 pasos, dependiendo de la tendencia a lo esquemático o a transitar por los cerros de Úbeda que tenga el autor en cuestión. Y, oye, nada que decir al respecto. Tienen todos más razón que un santo: hay que establecer objetivos, pensar cómo vamos a alcanzarlos, planificarse y toda la pesca. Pero en mi caso, el problema no era ese. Y me da que no soy la única. El quid de la cuestión está en dar el primer paso, en atreverse. En superar la procrastinación, el miedo y todo lo que nos impide pasar de los planes a la acción, de los mundos de yupi que nos montamos en la azotea al mundo real.

Yo, como buena bipolar que soy, me he pasado años mareando la perdiz y también he tomado decisiones muy drásticas de un día para otro. Siempre he aprendido más de lo segundo que de lo primero. Sobre todo a enfrentar la toma de decisiones con menos miedo y más arrojo, porque me he dado cuenta de que:

-No nos lanzamos al vacío. Nunca. Simplemente escogemos un camino que, al igual que otros, se transita paso a paso.

-Nada sucede de golpe. Ni lo bueno ni lo malo. El fracaso más estrepitoso rara vez llega sin avisar, sin un periodo de transición en el que cada día puedes intentar hacer algo para evitarlo, para afrontarlo o para buscar una alternativa.

-Al final no triunfas ni fracasas. Vas sumando pequeños logros y pequeños errores y vas haciendo que la balanza se incline hacia un lado u otro. Pero siempre tenemos un día más, una oportunidad más para añadir peso al lado bueno de la balanza. Nada es definitivo. Esto no se acaba hasta que se termina de verdad.

En lo personal, quitarle el matiz de drástico y definitivo a la toma de cualquier decisión me ha ayudado mucho. Tanto a la hora de emprender como a la hora de mudarme a otra ciudad, por ejemplo. Si yo hubiera pensado “voy a vivir a mil kilómetros de mi familia toda mi vida” en vez de formularlo como “de momento, voy a vivir a mil kilómetros, pero nunca se sabe, quizás solo sea un tiempo”, me habría aferrado a mi madre y le habría pedido que me hiciera croquetas hasta el fin de los días. Por suerte para ella, he sido capaz de enfocarlo de otra manera.

Además, con el tiempo he perfeccionado la técnica de engañarme a mí misma gracias a estos 2 trucos que te recomiendo con fervor:

a) Haz como si ya lo estuvieras haciendo. Por ejemplo: ¿quieres escribir un blog pero te da un poco de reparo? Muy bien. Empieza a escribir un blog sin tener un blog. Simplemente haz como si lo tuvieras. Después de un par de meses escribiendo posts, el miedo habrá desaparecido y podrás hacer eso que en el fondo tanto te asustaba: abrir cuenta en un blog, ponerle un nombre, pensar en el diseño…

b) Pon por escrito un plan B con todo lujo de detalles. Una especie de salvavidas al que recurrirás si todo sale mal. Y después olvídalo, no le des más vueltas: céntrate en lo importante y en que salga bien.

En este tipo de artimañas se apoya la que suscribe y no le ha ido tan mal. De momento, como diría José Luis Cuerda, amanece, que no es poco. Así que si gusta, sírvase usted mismo. Aquí las dejo para su uso y disfrute.

¡Hasta la semana que viene!

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  • MARIA - Buenos días.
    Me encanta tu publicación, enhorabuena por ello.
    Por cierto, el libro de la imagen, me rechifla. Cuál es, porfa?
    Saludos y feliz semana.ResponderCancelar

    • Susana - ¡Gracias, María! El libro es I love stamping de Ishtar Olivera. ¡Disculpa la tardanza en responder! He tenido varias semanas de muchísimo trabajo 😉ResponderCancelar

  • Sonia - Deseando una de croquetas ya!A mi toma mucho tiempo tomar decisiones, ese miedo al borde del abismo me frena.Intentaré enfocarlo com o dicesResponderCancelar

    • Susana - Al final, lo peor que puede pasar nunca es tan malo como creemos. ¡Un beso, guapa!ResponderCancelar

  • Elena - ¡Uf! A mí el miedo y la incertidumbre me paralizan mucho y no me dejan visualizar nada más que el fracaso de la idea. Tengo mucho trabajo por delante en este aspecto.
    Muy buen post, como siempre 🙂ResponderCancelar

    • Susana - ¡Muchas gracias, Elena! Es normal, nos pasa a todos, pero poco a poco tenemos que intentar verlo de otro modo y pensar en qué es lo peor que puede pasar… Nunca es tan malo 😉ResponderCancelar

  • Pilar - Gracias como siempre, Susana. Por darnos un poquito de impulso a aquellas que nos consideramos un poco cobardes y pensamos que no acabamos de dar el paso cuando en realidad sí que lo estamos dando, sólo que a nuestro ritmo… 🙂ResponderCancelar

    • Susana - ¡Muy bien visto, Pilar! Poco a poco, lo importante es estar en el camino 😉ResponderCancelar

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