Por qué deberías formar parte de un grupo de mastermind

formar un grupo de mastermind

Desde septiembre tengo una relación abierta con varias personas. Me apoyan, me ayudan, me entienden… y hasta diría que han empezado a quererme un poco. Después de tantos años de monogamia continuada, estoy un poco confusa. Pero una cosa tengo muy clara: me gusta. Me gusta mucho.

Hola, me llamo Susana y estoy en un grupo de mastermind. (En este momento, os imagino al otro lado de la pantalla, diciendo a modo de coro: “¡hola, Susana!).

Bromas aparte, estoy tan contenta con la experiencia que me gustaría dedicar este post a contarte lo que me ha aportado (y lo que creo que te puede aportar a ti). Y como sé que te van a entrar ganas de probar, voy a explicarte cómo funciona y qué debes tener en cuenta para crear tu propio grupo. ¡Así que vamos allá!

 

¿Qué te aporta?

Terminaríamos antes con la pregunta contraria: qué no te aporta. Porque desde ya te digo que estar en un grupo de mastermind es como caerse en una marmita de gazpacho… ¡Es una inyección de energía! Las ventajas de tener un grupo de este tipo son casi infinitas, pero el Cervantes que habita en mí intentará ser conciso. Palabrita:

Seguridad a la hora de tomar decisiones. ¿Puedes concebir un mundo en el que por fin no tengas que taladrar las orejas de quienes te rodean? ¿Te imaginas poder consultar tus dudas del día a día con alguien que no sea tu familia o tu pareja? ¿Y si fueran varias personas? ¿Y si cada una fuera experta en un campo concreto? ¿Y si además entendieran, porque lo viven en carne propia, lo que supone poner en marcha un negocio en solitario?

Claridad. Al margen de lo muchísimo que te aporta contar con opiniones externas, el sólo hecho de tener que poner en orden tus ideas para hablar sobre ellas te aporta una claridad increíble.

Matices. Cuando un tema se habla largo y tendido entre varias personas muy diferentes entre sí, surgen opciones que ni siquiera habrías imaginado que existían. No en esta vida. No con una sola cabeza. Y no sin opiáceos.

Apoyo moral. Emprender es como subirse al tren de la bipolaridad en pleno síndrome premenstrual la primera semana de dieta. Agobia entre mucho y bastante. Así que para mí, sin duda, este es uno de los puntos más importantes. Porque por mucho que te apoye tu familia, si no están en tu misma situación, si nunca han emprendido, es imposible que se hagan una idea de la montaña rusa emocional a la que te enfrentas y de lo duro que te resulta a veces. Un buen grupo de mastermind te da un punto de apoyo extra y hace que te sientas comprendida.

Sinergias. El trabajo llama al trabajo. Sobre todo cuando se trata de un grupo de personas que se mueve, personas proactivas, con ideas, objetivos y conocimientos. Así que es muy fácil que en algún punto surja un proyecto, una colaboración, una recomendación

 

¿Qué criterio seguir para formar el grupo?

En mi grupo somos 7 en total. Quizás se nos ha ido un poco de las manos. ¡Pero como somos tan organizadas (y hasta contamos con una experta en orden) lo llevamos muy bien! Aún así, lo ideal es formar grupos de entre 4 y 5 personas. Para ello, se pueden seguir diferentes criterios, pero allá van los que me parecen más importantes por mi experiencia personal:

Complementariedad. Y no sólo me refiero a que nos dediquemos a cosas diferentes y complementarias. También es bueno que haya una variedad de roles en el grupo, es decir, que haya personas más empáticas, otras que te digan las cosas sin filtro, otras que ejerzan de policía para que no te saltes tus objetivos, etc.

Afinidad. Está muy bien eso de buscar profesionales que nos complementen, pero también debemos buscar personas con las que nos sintamos cómodas, con las que tengamos la confianza de hablar de los entresijos de nuestros negocios y de aquello que nos preocupa. Creo que un grupo de mastermind que no cumpla este requisito no te servirá para nada.

Proximidad. No es estrictamente imprescindible, pero para mí es un punto a favor. En mi grupo, casi todas vivimos en la misma comarca (y algunas incluso en el mismo pueblo). Todas las reuniones las hacemos por Skype, pero de vez en cuando tenemos la oportunidad de quedar en personas. ¡Y esos ratitos me dan la vida!

 

¿Cómo funciona?

Lo primero es acordar una periodicidad y respetarla. Tras valorarlo, nosotras decidimos vernos una vez cada dos semanas. Lo importante es que sea una frecuencia con la que puedas comprometerte y ser constante.

Cada sesión tiene una duración de 1 hora y se desarrolla en 3 fases.

-En la primera, cada miembro cuenta si ha cumplido el objetivo que se marcó en la sesión anterior. En caso de incumplimiento, explica por qué y el resto le debería atizar con un ladrillo, pero en realidad le aconseja para que pueda cumplir su objetivo pronto.

-La segunda parte, que es la de mayor duración, está dedicada en cada sesión a una sola persona. Una expone un problema o duda y el resto le aconseja. ¡Cuando terminas no hay problema que valga!

-En los últimos minutos de la sesión, cada miembro expone su objetivo a cumplir antes de la próxima cita. Parece una tontería, pero cuando te comprometes de forma pública con un objetivo, es más fácil que lo cumplas.

 

¡Y hasta aquí todo lo que necesitas saber sobre los mastermind! Pero antes de despedirme, me encantaría presentarte a mis compañeras de grupo y así, de paso, agradecerles estos últimos meses. Gracias a Maud, de Pluie de Confettis (la chica de los globos voladores más chic), que fue el pegamento que me unió al resto del grupo. Ellas se habían conocido en Extraordinaria (donde, por cierto, este año tendré la suerte de estar). Y gracias al resto por acogerme y aconsejarme tan bien: Noémie, de Lunes Design (nuestra súper experta en branding visual, la chica más organizada y que transmite más calma a este lado de la Vía Láctea); Elisabet Temporal (nuestra experta en orden que nos pone firmes y nos hace partirnos de risa a partes iguales); María de Parmenia Video (nuestra videógrafa, capaz de transmitir una ristra de cosas bonitas tanto detrás como delante de la cámara); Beatriz Moure (nuestra experta en email marketing que enamora incluso antes de enviarte un correo); y Xènia de Sweet Möma (que se acaba de incorporar y a la que espero que ya estemos revolucionando un poco su mundo heart made).

 

¡Hasta la semana que viene!

 

10 comentarios
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  • Hola Susana!
    Yo he participado durante un tiempo en un mastermind y conformo que tiene un montón de ventajas y beneficios. Ahora no estoy en ninguno, pero sencillamente porque no puedo comprometerme con periodicidad. 
    Me alegra un montón saber que ya no estás sola en estas andaduras de emprendedora, es que en compañía se va mejor e incluso más rápido. 
    Por cierto: ¡pedazo de mujeres que te acompañan! Seguro que a partir de ahora todo va a ser mucho mejor, más divertido y productivo. 

    Gracias por compartirnos tu experiencia, va a ayudar a un montón de emprendedoras solitarias, para dejar de serlo!!!!ResponderCancelar

  • Y cuánto de necesarios son si no quieres bloquearte por momentos o peor, colapsar a quienes tienes al lado (que además si no entienden ni papa de lo que les dices, peor). 

    Mi experiencia en este sarao acaba de empezar, y ¡Qué ganas! Confío que será una gran ayuda, poder desembuchar a gusto y que te entiendan…¡Es que tiene que ser bueno!  ResponderCancelar

  • Buenas, pienso que es un buen chute de energía y motivación estar rodeada de gente en la misma situación que tú. Conozco Extraordinaria porque las sigo por las redes sociales y me gustaría poder unirme a ellas.
     Me gustaría saber también si alguien conoce alguna similar a Extraordinaria que sea de Barcelona o alrededores. ResponderCancelar

  • Ay, ay, ay! Menudo grupete habéis formado. Solo conozco a Xènia y ya te digo que te va a encantar. Es la pera limonera… ResponderCancelar

    • Ay!! que esto de los mastermind está a tope de revolution! yo amoro a mis Samigarra y Estherimenta, que sin saberlo son mi mindfulness y mastermind power desde hace 3 años… y cuánto aportan!

  • Hola Susana, ¿Qué más puedo decir? Formamos un grupo de 10, me encanta como conseguimos ser sinceras y constructivas a la vez. Y, coincido contigo, mola mucho poder verse en persona, además de por Skype (aunque signifique tener que planchar la parte trasera de nuestra ropa)Un abrazooo!ResponderCancelar

  • Hola, Susana. 

    Me parecen muy interesantes estos grupos, ojalá yo pudiera participar en uno. Lo que me plantea una duda, ¿Cómo sabes con qué gente trabajar?DolorsResponderCancelar

  • Silvia

    Susana,  muchas gracias por esta gran explicación.
    Después un mentor fallido me estaba planteando formar parte de un grupo de mastermind.
    Dudaba porque no conocía a nadie que hubiese participado y me pudiese dar su opinión.
    La tuya cuenta doble, porque siento exactamente esa soledad que describes, y parte de la solución podría estar ahí.
    Es maravilloso como cuentas tus aprendizajes y tus tropiezos profesionales.
    Valen más que muchos cursos 
    Un abrazo virtual con colores de los tuyos.ResponderCancelar

  • Yo tengo rato pensándomelo y con muchas ganas de algo así, mi problema es que no se donde buscar “compañeras de aventuras”. Pero ver como lo hacéis vosotras ayuda mucho. Tienes un grupo genial, conozco ya a un par de ellas y la verdad es que verlas juntas es aun mejor. Un abrazo y gracias por compartir ResponderCancelar

  • Justo hace un par de semanas iniciamos un mastermind internacional jajajaja. Me encanta 🙂ResponderCancelar

Si es la primera vez que vienes por aquí, me presento: soy Susana, una publicista con una cámara pegada en la mano. Éste es el lugar desde el que comparto todo lo que sé sobre comunicación, marketing y publicidad (y sobre donuts, mi madre, lo divino, lo humano…). Quédate un rato conmigo; ¡las risas están aseguradas!




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