El pacto que hice conmigo misma para no abandonar

Querida amiga, la semana pasada te hice una pregunta muy sencilla.

Te preguntaba desde qué lugar quieres crear tu contenido: ¿desde la condena o desde el disfrute? Te decía que si crear contenido forma parte de tu trabajo (y tu negocio lo necesita), en realidad tienes dos opciones.

Por un lado, puedes vivirlo como un castigo, generando una fricción interna insoportable dentro de tu negocio. La fricción de estar chocando continuamente con una tarea que no disfrutas. La fricción de tener que enamorar a tu audiencia con tu mensaje y tus piezas de contenido cuando en realidad las estás creando desde el malestar. La fricción de tener que transmitir una cosa que es, precisamente, lo opuesto a cómo te estás sintiendo.

O, por el contrario, puedes vivirlo como una tarea divertida que te conecta con tu propia creatividad, con el juego y las ganas de explorar… Una tarea que te recuerda que en el centro de todo está tu mensaje y eso que viniste a entregar al mundo.

Después de publicar ese episodio me llegaron varios mensajes que decían algo parecido.

“Susana, entiendo lo que dices, ¡pero es que ahora mismo crear contenido me pesa muchísimo!”

Y lo entiendo perfectamente. Porque cada vez estoy más convencida de que el problema en sí no es crear, sino cómo estamos intentando crearlo… Básicamente, como si estuviéramos en una cadena de montaje que tiene que producir cada vez más rápido y con más volumen. Una cadena que no te deja pensar ni sentir ni conectarte con el lado bonito de crear.

Todo eso está muy bien para una fábrica de tornillos, pero es que aquí estamos tratando con algo más delicado e importante. Estamos tratando con nuestra propia creatividad y con eso que hace que queramos seguir haciendo lo que hacemos: el disfrute.

Hace un par de episodios, te contaba que hace años tuve una crisis mental y física y que durante muchos días mi cuerpo se negó a moverse. Terminaba de desayunar y cuando iba a irme a trabajar, no podía mover ni un dedo. Mi cuerpo se había plantado después de obligarme a trabajar mucho tiempo rozando la esclavitud, sin dejar ni una mínima parcela al placer.

Hoy sé que el disfrute es un ingrediente clave dentro del negocio, y que debemos incorporarlo también en la creación de contenido.

Porque no, la creatividad no puede sostenerse igual que una fábrica de tornillos. Porque si no la cuidas, se rompe.

Crear necesita espacio. ¡Y curiosidad!

Necesita de tiempo y ganas para explorar cosas que quizás no sabes a dónde te van a llevar (pero que siempre te terminan llevando a algún lado).

Cuando todo gira alrededor de producir constantemente desde la obligación, pasan muchas cosas y no necesariamente buenas.

Por un lado, que las prisas y la apatía se notan. Son como sanguijuelas que van dejando seco tu contenido, como sin alma.

Te bloqueas pensando ideas con las que antes no te bloqueabas. Sientes una especie de desconexión o de pesadez. Antes te hacía ilusión publicar y ahora no te apetece…

Y del otro lado también se nota, tu público no te percibe igual, se va volviendo más pasota, más frío…

Y eso aún te desmotiva más.

Publicas pensando: total, si nadie lo va a ver. O total, si voy a escuchar el canto de los grillos…

Pero esto es una espiral que también funciona a la inversa.

Es decir, del mismo modo que tu apatía se refleja en tu contenido y alimenta la apatía de tu público, la ilusión y el mimo a la hora de hacer las cosas tiene el efecto contrario.

Instagram es más difícil que antes, eso es innegable. Pero ¿de qué nos sirve centrarnos en que hay personas que ya no nos ven y crear desde esa emoción negativa? Te aseguro que las personas que aún te ven van a agradecer que seas curiosa y creativa, y que te diviertas con tu contenido. Porque hay un pedacito de eso que siempre traspasa la pantalla.

Te voy a contar algo que me ha pasado estos últimos meses.

Alguna vez te he contado que durante años he sido profundamente intermitente en Instagram. Había semanas en las que publicaba regularmente y y otras en las que desaparecía. Pasó mucho tiempo hasta que ese comportamiento tuvo consecuencias, pero ¡ay, madre, cuando las tuvo! Porque me enfrenté al mayor de los estancamientos que he visto.

Cuando una cuenta se vuelve intermitente durante mucho tiempo, el algoritmo empieza a confiar menos en ella. Su contenido se muestra menos, mucho menos. Y recuperar esa confianza no es algo que pase en dos semanas.

Es un proceso largo. Y pesado. Y duro. Y cansino.

Porque para salir de ahí vas a tener que ser constante durante mucho tiempo. Ser constante a la vez que tienes unos resultados pésimos.

Yo lo sabía. Y, de hecho, intentaba posponer mi vuelta porque era súper consciente de lo incómodo que iba a ser ese proceso: publicar viendo que tus métricas son peores que nunca, que en vez de ir a mejor, parece que vas a peor.

Por eso cuando en septiembre decidí volver a publicar con constancia hice un pequeño pacto conmigo misma.

Me dije: “Susana, tienes que asumir que durante un tiempo esto no va a ir bien. Durante un tiempo vas a poner mucho de ti aquí y probablemente no va a pasar gran cosa.”

Sabía que si me obsesionaba con las métricas, ese proceso se me iba a hacer insoportable. Porque las métricas iban a ser pésimas y, durante un tiempo, en vez de mejorar progresivamente, iban a descender.

Así que tomé una decisión muy sencilla: decidí centrarme en disfrutar del proceso de crear. En jugar, probar cosas, explorar otras formas de contar lo que quiero contar…

Tomé la decisión de poner el foco en quién soy yo mientras creo y no en el resultado inmediato. Porque si me centraba en el resultado, el proceso iba a ser tan incómodo que me echaría atrás a medio camino.

Y mira qué curioso: en estos últimos meses he creado más contenido que en los tres años anteriores. Muchísimo más.

Porque cuando quitas el peso del resultado inmediato crear se vuelve más ligero.

Y ¿sabes qué es lo mejor todo? A los 3 meses ya empecé a ver señales positivas en mis métricas: picos de alcance, publicaciones que traen cientos de personas nuevas.

Mi cuenta tiene ya más de mil seguidores más que en septiembre. Quizás para una cuenta normal no sea mucho, pero para una cuenta estancada eso es una maravilla.

Tengo clarísimo que no habría sido capaz de atravesar esta etapa si solo hubiera estado mirando las métricas. La única forma de atravesarla ha sido volver a poner el foco en el acto de crear, el juego, la curiosidad, el proceso y no el resultado.

Dejar de crear dentro de un sistema que no respeta cómo funciona realmente la creatividad.

Porque la creatividad no siempre responde rápido ni da resultados inmediatos ni te devuelve unas métricas maravillosas de forma automática. Pero es como si plantaras algo que durante un tiempo está creciendo por debajo de la tierra, sin que parezca que pasa nada.

Y por eso llevo mucho tiempo pensando en lo diferente que sería crear si no lo hiciéramos siempre solas y a disgusto. Si hubiera un espacio donde el foco volviera a estar en el proceso, en la curiosidad, la inspiración, el juego…En explorar ideas sin esa presión constante de las métricas. Un espacio donde crear no se sintiera como una cadena de montaje, sino como un proceso creativo compartido.

Y esa es precisamente la idea que ha dado lugar a Creadoras, el proyecto que acabo de abrir estos días.

Un lugar para volver a disfrutar del proceso de crear contenido, para jugar con ideas nuevas, para sentir otra vez esas cosquillas mientras creas…

Si estás escuchando esto y llevas tiempo sintiendo que crear contenido se ha vuelto pesado, es muy probable que lo que necesites sea otra forma de crear.

Porque cuando encuentras una forma de crear que respeta tu proceso, pasan cosas curiosas. Creas más. Creas mejor. Y, sobre todo, vuelves a disfrutar de algo que nunca debió convertirse en una condena.

Recuerda que también tienes la opción de escuchar estos episodios en mi podcast en vez de leerlos. ¡De hecho, te lo recomiendo porque la experiencia es mucho más potente!

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