La clave que lo mejoró todo en 2025

Querida amiga, he vuelto.

Como ves, he dejado correr las primeras semanas de enero sin aparecer por aquí porque, para mí, estas semanas iniciales del año son de mucho trabajo interno, de preguntarme qué quiero, de transformarlo en propósitos, de bajarlos a tierra, listar tareas, arrancar con ellas…

Pero mientras hacía esto, me he dado cuenta de algo.

Y es que muchas veces empezamos el año listando objetivos nuevos y olvidando los del año anterior como si ya estuvieran caducados.

¿Prescriben acaso los objetivos cuando no se consiguen en una determinada fecha? Si prescriben, que alguien me avise, por favor, porque gran parte de mis objetivos de este año son los mismos que los del año anterior.

– Hacer más grande algo que ya hice el año pasado.

– Materializar algo que se gestó en 2025.

– Seguir poniendo mi energía y mi tiempo en lo que ya estaba haciendo…

Creo que en estos tiempos tan rápidos que vivimos nos han enseñado a empezar, a entusiasmarnos… pero no a continuar.

No nos han enseñado a quedarnos cuando algo aún no ha dado sus frutos (o cuando los ha dado, pero podría dar más).

No nos han enseñado a mirar las raíces antes que los frutos, y a entender que tenemos que insistir un poco más en la raíz y quedarnos ahí el tiempo suficiente para ver brotar el fruto.

Ojo: que tener nuevos objetivos es maravilloso. Pero, a veces, lo que percibimos como nuevos objetivos es, en realidad, impaciencia con nuestros objetivos viejos.

O desánimo. Cuando vemos que los resultados no llegan tan rápido como nos gustaría, empezamos a cuestionar si eso era tan buena idea.

O miedo a perseverar de verdad y que no salga como queremos. Porque eso nos llevaría a dudar de nuestra valía.

En cualquiera de los tres casos, esto siembra en nuestro interior la semilla de la incoherencia. Porque… ¿cuánto queremos lo que queremos?

“Quiero que salga adelante este proyecto pero solo lo voy a intentar hasta que no me haga cuestionarme mi valía. En el momento en que me incomode, paro.”

“Quiero conseguir tal cosa, que me parece una idea excelente, pero si no sale a la primera, entonces pienso que en realidad no era tan buena idea.”

Lo quiero, pero no lo quiero.

Quiero la meta, pero no quiero el camino para alcanzarla.

Claro, así es muy difícil llegar. Nos frena nuestra propia incoherencia. Porque sabotea el camino hasta hacerlo casi imposible.

Ojo, esto no te lo cuento desde ningún púlpito.

Cuando echo la vista atrás, me doy cuenta de la cantidad de incoherencias que ha habido en mi camino de emprendimiento. Y de la cantidad de meses de enero en los que me habría ido mejor si no me hubiera asustado y si no me hubiera lanzado a perseguir un objetivo nuevo en vez de perseverar un poco más en los del año anterior.

Por ejemplo, me doy cuenta de las veces que me he tirado a la piscina para crear una formación nueva en vez de seguir intentando vender una anterior.

Quizás te pregunte qué tiene esto de malo…

Si aún no me conoces bien, tengo que explicarte que mis formaciones son el fruto del trabajo de un año (e incluso más en algunos casos). Mis cursos son como súper producciones de Netflix. Hay mucho tiempo y dinero invertidos en cada uno de ellos.

Cuando dedicas un año a crear algo en cuerpo y alma e inviertes tanto, es muy difícil conseguir que eso que vas a vender sea rentable, a no ser que lo vendas muchas veces. Es decir, solo será rentable si resistes la tentación de salir corriendo detrás de la siguiente zanahoria brillante, del siguiente objetivo, de ponerte a crear el siguiente curso.

Estoy segura de que mi negocio habría sido más sólido y rentable si yo no solo hubiera apostado por mis formaciones en el momento en que las estaba creando, sino después, cuando tocaba darleas a conocer no una sino muchas veces.

¿Y sabes por qué estoy tan convencida de ello?

Porque precisamente en 2025 me atreví a hacer esto. Dejé de perseguir zanahorias brillantes nuevas y me centré en las que ya estaban en mi huerto.

Por ejemplo, en 2025 mi foco absoluto ha sido Up & Roll, mi programa más emblemático, que lleva conmigo desde 2018.

El año pasado, lo actualicé, lo expandí, y me lancé a venderlo de verdad. Hice una primera campaña grande en el mes de mayo y no me limité a eso. Después, hice varias más. Todas centradas en la venta de esa única propuesta.

Sin duda ha sido uno de los mejores años a nivel facturación de toda mi historia como emprendedora. Y lo ha sido porque en vez de quedarme pensando que ya me lo había comprado quien me lo podía o quería comprar, y dejar que me venciera el miedo a no conseguir resultados inmediatos o el tedio de seguir con la misma zanahoria en la mano, seguí intentándolo una y otra vez.

Hay algo que he leído muchas veces en libros de estrategia empresarial. Y es que las empresas que de verdad funcionan no son las que cambian de rumbo cada año. Son las que eligen una dirección clara y se quedan ahí el tiempo suficiente como para hacerla funcionar.

No persiguen ideas nuevas todo el rato. Afinan las que ya tienen.

Y cuando algo no despega rápido, no lo llaman fracaso. Lo llaman proceso.

Creo que esto tiene mucho que ver también con lo que los japoneses llaman “kaizen”, que es una filosofía que se enfoca en la mejora contínua.

Durante mucho tiempo hemos entendido el crecimiento como algo espectacular. Grandes cambios. Grandes giros. Grandes anuncios. Grandes decisiones…

Pero hay otra forma de crecer mucho menos vistosa y, sin embargo, mucho más eficaz.

Se trata de seguir, ajustar y mejorar un poco cada día. De no romperlo todo cada vez que algo no funciona del todo. De no empezar de cero constantemente.

En el ámbito empresarial a esto lo llaman mejora continua. Yo lo llamo aprender a quedarte.

Quedarte lo suficiente como para que el trabajo haga su efecto. Y como para que el proceso te transforme a ti también.

¡Sigamos!

Otro objetivo con el que he estado perseverando en 2025 y en lo que llevamos de 2026 es Instagram.

Quizás esto ya lo sepas porque lo he comentado algunas veces (e incluso lo he explicado detalladamente en alguna clase), pero mi cuenta de Instagram estaba estancada.

¿Esto qué significa?

Que mi contenido, por defecto, no se mostraba a no seguidores.

El estancamiento es un problema muy específico en Instagram. No es que tu cuenta esté baneada o que no crezca por diversos motivos (por ejemplo, porque tu contenido no guste).

Una cuenta estancada no crece porque, por defecto, no se muestra a no seguidores.

Hay diversos motivos por los que se puede llegar a una situación de estancamiento. En mi caso, se debía a la intermitencia con la que había estado publicando en los últimos años, concretamente desde que nació mi hija.

Fui madre en un momento en el que mi empresa estaba creciendo mucho, en el que yo necesitaba crecer como emprendedora, pero también como madre, y no estaba siendo capaz de sostener el ritmo.

El día que conseguía trabajar más horas apenas llegaba a 5, así que crear contenido empezó a convertirse en una tarea pendiente a la que nunca llegaba.

Publicaba cada varias semanas cuando podía. Como mi contenido gustaba mucho y tenía un engagement muy por encima de lo habitual, todo iba bien.

Pero llegó un momento en que tanta intermitencia empezó a pasarme factura con el algoritmo.

Mis seguidores seguían respondiendo a mi contenido igual de bien que siempre. Mi engagement seguía siendo brutal. Sin embargo, Instagram dejó de mostrar mi contenido a no seguidores.

Y yo dejé de crecer.

Sabía que en algún momento tendría que solucionar esto, pero lo posponía constantemente porque era más divertido perseguir nuevas zanahorias brillantes cada dos por tres.

Durante mucho tiempo me he dedicado a estudiar el fenómeno del estancamiento y era súper consciente de lo que implicaba intentar solucionarlo: tiempo y esfuerzo.

Para terminar con el estancamiento no es suficiente con publicar buen contenido de vez en cuando. Hay que seguir una estrategia concreta y armarse de paciencia para sostenerla en el tiempo.

Sostener significa evitar la intermitencia a toda costa, ser constante contra viento y marea, porque en el momento en que te bajas del tren y dejas de publicar más de una semana (ojo, si estás en una situación de estancamiento), vuelves a la casilla de salida.

Sostener significa no venirte abajo cuando varios posts seguidos tienen malas métricas y dejar de intentarlo.

Sostener significa enfocarte en el proceso creativo y confiar en que las métricas mejorarán aunque ahora te depriman y no sepas cuándo va a suceder eso.

Por eso, era consciente de que salir del estancamiento no solo iba a ser un objetivo de 2025. Tendría que ser un objetivo de 2026.

Es decir, una vez que iniciara este camino tendría que seguir adelante.

¿Lo hice?

¡Sí, menos mal!

Hoy puedo decirte, muchos meses después de haber iniciado este camino, que me alegra enormemente haber dado este paso.

Ya tuve mis primeras alegrías antes de terminar el año. Después de un par de meses de trabajo anti-estancamiento, tuve las primeras señales de star saliendo de ahí.

Y gracias a haber continuado, en este primer mes de 2026 estoy viendo muchos resultados más, con un incremento muy considerable tanto de visualizaciones entre no seguidores como de ganancia de nuevos seguidores con cada publicación.

Esto no habría pasado si al empezar el año me hubiera olvidado de este objetivo y me hubiera puesto a perseguir una nueva zanahoria.

Esto no significa que este año no haya novedades para ti.

De hecho, a comienzos de la primavera verá la luz un nuevo proyecto que creo que te va a encantar. Algo que no esperas en absoluto. Algo que me tiene flotando en una nube.

Pero esto no es un objetivo nuevo de 2026.

Es algo que ha venido gestándose a lo largo de todo 2025. Es algo que, de hecho, me habría encantado haber sacado antes de Navidad. Pero, de vuelta a lo mismo, hay árboles que necesitan más tiempo para dar frutos. Y eso no es motivo para para dejar de regarlos.

Yo no sé si este año voy a conseguir todo lo que quiero.

Lo único que tengo claro es que no quiero marcharme corriendo de aquello que aún no ha tenido tiempo de ser.

No quiero confundir la lentitud natural a la que suceden las cosas con el error. No quiero confundir saltar de una cosa a otra con avanzar.

Porque avanzar a veces es hacerse un ovillo, convertirse en semilla y esperar.

Y ojalá este enero y muchos otros vayan simplemente de quedarse. Y perseverar.

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