Por qué debes evitar las comparaciones

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Debería mudarme a otro barrio. A uno de esos que tienen una floristería en cada esquina, un puesto de frutas pintoresco, una panadería francesa y una tienda de ultramarinos vintage y con encanto. Yo compro el pan en casa Manolita y no luce igual. Ella tiene un par de sillas de plástico en la entrada, de Coca Cola, desvaídas por el sol y un bote de manteca “colorá” tamaño industrial atado con una cuerda a una mesa coja. El pan de Manolita está bien rico, que conste, pero no consigo que además lo parezca. Igual es que tendría que comprar unas fresas y semillas y acompañarlo de un smoothie de algún colorcillo que me pegue con el mantel. Ay, no sé, lo que tengo claro es que debería pedir cita en el médico. Tantos años pensando que desayunaba bien y ahora me entero de que voy a morir desnutrida. Yo y mi gato, claro. Porque esa es otra. A mi gato no le brilla el pelo y eso tiene que ser por algo. En las fotos parece que está disecado. Él lo sabe. Y ante el temor de que le den por muerto el día menos pensado, ha decidido dar muestras de su vitalidad a base de mordiscos y arañazos. Me tiene las manos devoradas y hechas un cuadro, con menos chicha que la pata de un grillo.  El otro día, sin ir más lejos, quise hacerme unas fotos del tipo “emprendedora que trabaja mucho”, con las uñas pintadas, dándole a las teclas. Pero entre los arañazos y que yo me hago la manicura y a continuación friego el baño, no había manera de que aquello quedara atractivo. Y, total, a quién voy a engañar: ¡mi negocio va mal! Que sí, que me da para vivir, pero va mal. Yo no lo sabía hasta hora. Pero tiene que irme mal. Si no, no se explica que sea la única que no puede comprar peonías frescas todos los días y enseñarlas en Instagram ni anunciar en Facebook que se me han agotado las existencias de un producto incluso antes de sacarlo. Eso es que me va mal fijo… aunque sea por agravio comparativo.

 

Retahílas como ésta son de lo más común en la mente de cualquier ciudadano de a pie tras un paseo por las redes. ¡La depresión está servida! Pasen y vean a la increíble emprendedora que empezó más tarde que tú pero a la que le va mucho mejor, a la autónoma que lleva su trabajo al día sin descuidar a sus hijos, a la blogger que escribe tomando el sol en su jardín con un portátil tan fotogénico como ella. Tras un espectáculo de tal magnitud cualquiera termina sintiéndose más pequeño que el meñique de una hormiga. Pero esto es normal. ¿Sabes por qué? Porque sin querer estás comparándote. Y lo peor de todo, estás desanimándote y drenando tu potencial.

 

Cuando uno se compara con otro debe tener todos los datos en la mano si quiere ser justo. No puedes coger todas tus circunstancias, tu estrés, tus miedos, tu lucha diaria y compararlos con una mera foto de Instagram que sólo te está mostrando la fachada de algo que desconoces. Detrás de ese momento glamuroso de escritura en el jardín, puede que haya varias decenas de horas extras esa semana; detrás de la autónoma y madre perfecta que has visto en Facebook seguro que se esconde tanto miedo como el que sientes tú; detrás de la emprendedora a la que le va mejor que a ti puede haber un gran equipo, una gran inversión o muchas más horas de esfuerzo y dedicación de las que imaginas. Si comparas así, vas a perder siempre. Y no hay nada tan frustrante y que te quite tantas energías como sentirse derrotado. Y ser del Betis, pero eso es harina de otro costal…

 

Por eso yo recomiendo siempre asomarse al mundo 2.0 con las gafas de la cordura puestas y el modo comparativo desactivado, apretando mucho la sesera para que te salgan pensamientos sensatos como los de una madre. Recuerda siempre que:

El éxito ajeno no se convierte automáticamente en tu fracaso. Señor, líbranos del mal y de las asociaciones innecesarias. Tu éxito vendrá en otro momento y formato, acorde con tus circunstancias, y nada tendrá que ver con el del prójimo. Mientras tanto, alegrémonos de sus triunfos, que seguro que son merecidos. Y así de paso ganamos puntos para ir derechitos al cielo, sin pasar por la casilla de salida.

-Desatascar el WC, fregar los platos, cortarse las uñas… son cosas que no muestras en las redes y esto no implica que no existan. Cada hijo de vecino hace lo propio con sus pequeñas miserias. Que una cosa es que existan y otra que haya que estamparlas en las narices de los followers. Yo personalmente puede sobrevivir sin ver el lado feo de la vida de los demás, que bastante tengo con el propio. Ya tiro de imaginación si hace falta… Se agradece la ausencia de pruebas gráficas en este caso.

Engolosinarnos con el éxito ajeno nos aparta de nuestros propios objetivos. Tanto se quiere conseguir lo del prójimo que al final terminas olvidando lo que querías tú y convirtiéndote en un pequeño clon psicópata al más puro estilo Mujer blanca soltera busca. Y pase lo de psicópata, pero lo de clon sí que no. Puedes cargarte hasta al apuntador, pero con personalidad, siempre con personalidad.

 

Vaya por delante que estos pequeños consejos no son fruto de un nivel de sensatez superior al de la media. Aquí una servidora ha sufrido cienes y cienes de veces con furia el agravio comparativo tras visitar ciertos perfiles. Y aunque hoy esté redimida, ha pecado a lo grande y esto no hay padrenuestro ni vida contemplativa que lo arregle. Lo que sí lo arregla es la higiene mental. Y esto siempre siempre acaba dando sus frutos.  Y para muestra (y ejemplo y faro guía si se necesita), este post.

 

¡Hasta la semana que viene!

 

 

 

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  • Elementafresca - Lo has bordao. ¡Qué arte! Me voy a hacer un café con mi look moño loco mientras los albañiles me tiran abajo el tabique, con mucho glamour. ¡Buen Miércoles, guapa! ☕ResponderCancelar

  • Lourdes - ¡Buenísmo Susana! Menudo intro te has marcado, jamía, que lote de reír. Estoy deseando verte en Bloggever 🙂ResponderCancelar

    • Susana - ¡Qué bien que te haya gustado, Lourdes! ¡Muchas gracias!ResponderCancelar

  • Carolina - Suscribo todo lo que dices!! Tu lo dices con más arte, pero es justo lo que yo pienso porque también me he sentido así muchas veces. Y además soy muy fan de la manteca colorá aunque se me vaya toda siempre al mismo sitio.ResponderCancelar

  • Anna - un día de estos la que va a morir voy a ser yo, pero de risa mientras te leo, jajajaja. ¡Lo has bordado!ResponderCancelar

  • Cristina - jajaja me parto y lo comparto totalmente. Las comparaciones sólo generan frustación y limitan.. Ya sabemos que las redes sociales distorsionan la realidad y mostramos sólo las partes “fabulosas” de nuestra vida o negocio.

    Feliz miércoles! 😉ResponderCancelar

    • Susana - ¡Feliz miércoles para ti también! Aunque sea con muchos miércoles de retraso, jajajajaResponderCancelar

  • ana gr - Como siempre, GENIAL! Susana, eres lo más!
    Oye, para cuando vas a publicar tu diccionario de comparaciones? Es que son totales! la pata de grillo, el dedo de una hormiga… es que me muero con tus expresiones! De verdad, cuando lo publiques yo lo compro la primera!ResponderCancelar

    • Susana - Jajajajaja, ¡al final tendré que animarme! ¿Te imaginas?ResponderCancelar

  • Rocío - Plas, plas, plas!! Me quito el sombrero, amiga!!! Muchas gracias por tan buenos consejos!! Muacks!!ResponderCancelar

  • Yolanda Lopez - Hoy precisamente en el IG he colgado una foto con la frase siguiente “No es necesario apagar la luz de la otra persona para que brilles con luz propia”. Así que pienso totalmente como tú. Cada uno es particularmente especial y creativo. El mundo es mejor con la colaboración. Estoy absolutamente segura.ResponderCancelar

  • Monica - Susana, me ha ENCANTADO! Mis primeras risas del día.
    Gracias!ResponderCancelar

  • María - Encandilaita me tié usté!!! Son cosas que sabemos, pero que muchas veces necesitamos oírlas (leerlas) de alguien para tenerlas presentes.

    En ocasiones veo… fantasmas, por decirlo de alguna manera. Porque para colgar unas cortinas tan bonitas como cuelgan algunas (más algunas que algunos, casi siempre), primero hay que ponerse los pantalones rotos, la camiseta llena de pintura y el pañuelo con cuatro nudos, y construir los cimientos, jolín, que no todos vamos a ser los diseñadores de moda!!!ResponderCancelar

    • Susana - ¡Cierto! Creo que en esto del bonitismo las mujeres nos llevamos la palma. Los hombres tienen más sentido común (o del ridículo) para estas cosas :)))ResponderCancelar

  • Angie - ¡Genial, Susana!
    Te leo todos los miércoles (y te escucho por Snapchat :)) y tengo que decirte que tus artículos siempre son un chute de energía. El de hoy me encanta porque creo que todos nos hemos sentido así alguna vez… Un buen recordatorio de que tenemos que ponernos las ‘gafas de la cordura’ y no gastar la energía comparándonos con los demás sino en nuestros objetivos.ResponderCancelar

    • Susana - ¡Muchas gracias, Angie! Yo también te veo en Snapchat y me encanta… ¡me transportas bien lejos!ResponderCancelar

  • ana.m.velandia - Me ha encantado! Y para mí, quizás, lo más importante, es lo de que estar tan pendientes de los demás hace que perdamos la luz de nuestro faro. Y está bien recordárnoslo cuando nos dejamos llevar por la perfección transmitida e imaginada por las redes.
    Feliz día guapísima!ResponderCancelar

    • Susana - Síii, a veces es inevitable, pero hay que pararse de vez en cuando y ponerle sentido común al asunto. Si no fuera por eso, ya me habría arruinado comprando flores frescas cada día 😉ResponderCancelar

  • Valentina - Cuanta razón en este post querida Susana.
    Lo que puedo decir desde mi experiencia, es que más que hacerme sentir una fracasada, tanto bonitismo y tanto “que vida más chuli tengo” me ha cansado. Me cansa porque se que no es verdad y que es mero postureo. No quiero decir que haya que colgar cosas feas, que estas con imaginarlas es suficiente. Pero ir más allá de “cada día compro flores porque mi vida es muy guay”. Mola leer pequeñas historias, algo divertido, algo más espontáneo.
    Es que cuando veo esas fotos de estos desayunos desde arriba… me imagino todo la que han tenido que liar para sacar bien la foto, que me da vergüenza ajena!!! Jajajajaja
    No quiero parecer una amargada porque no lo soy, pero hay veces que me gusta decir las cosas bien dichas! 😛
    Un abrazo guapaResponderCancelar

    • Susana - Jajajajajaja, ya te lo digo yo: la liamos bien parda para hacer ese tipo de fotos. Yo suelo aprovechar el atrezzo de sesiones para clientes para hacerlas. En mi día a día suelo desayunar pan con aceite y poco más, jajajajaResponderCancelar

  • Noelia - Jajajaja, ¡que genial!
    y que arte tienes Susana,

    un abrazo grande,

    NoeliaResponderCancelar

    • Susana - ¡Un abrazo grande, Noelia! Espero que todo vaya genial. Cuéntame algo cuando puedas, ¿vale? ¡Un abrazo!ResponderCancelar

  • Aurea IamaMess - Como siempre ¡lo bordas! Estoy completamente de acuerdo contigo 😉 siempre tendemos a pensar que lo que se nos enseña (una porción mínima) es la norma… Vamos, que por eso limpiamos cuando viene mi suegra a vernos, para que crea que es así siempre! jajajajaResponderCancelar

    • Susana - ¡Ay, madre mía, menudo atraso tengo con los comentarios! Jajajaja, no había pensado lo de la suegra, ¡pero es verdad! Es justo eso, jajajaja.ResponderCancelar

  • Tete - Jajjajaja pero qué grande eres.. este tema es muy recurrente, por un lado está lo inevitable… el compararte y luego la idealización de los perfiles, pero creo que esto está en cada uno y no en el que publica, pero como bien dices, yo prefiero idealizar a que me muestren all day las miserias, que para esas ya tengo las propias. besazo florResponderCancelar

    • Susana - ¡Otro besazo para ti, Tete! Como ves, voy súper atrasada con los comentarios, jajajaja. Pero coincido contigo: ¡para miserias, me basta y me sobra con las mías!ResponderCancelar

  • caracoladeli - Muy buen post !ResponderCancelar

  • Xènia Roca - Muy divertida y acertada tu reflexión, yo desde que me di cuenta que mermaba mi creatividad dejé de visitar a compañeros súper triunfadores de mi misma temática, menos a Sandra Mangas, que eso está en otra dimensión y no hay que perdérselo jamás de los jamases.

    Un BesoResponderCancelar

    • Susana - ¡Bien hecho! Si te hace sentir regular, mejor no mirar. Estoy segura de que si sigues así cada vez estarás más satisfecha, ¡ya verás!ResponderCancelar

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