Dime cómo tratas a tus proveedores y te diré quién eres

trato con proveedores

 

Les quita vida. Hay personas que dicen gracias y pierden un año de feliz estancia en el más acá. Esto está demostradísimo. También funciona con otras palabras y ritos de cortesía como hola, por favor, buenos días… Y sobre todo con la sonrisa. Por sonreír les computan 5 años de vida, el pezón derecho y las uñas de los pies. Por eso intentan no abusar del gesto amable, del chascarrillo fortuito, del disfrute con otros seres de su especie y, en general, de la alegría de vivir. Porque no quieren quedarse sin pezón derecho.

La verdad es que no sé a qué extraño fenómeno o mutación genética puede deberse, pero hay gente que no siente la necesidad de ser amable. Tal cual. Esto se nota muchísimo en el ámbito profesional, tanto en el funcionariado como en la empresa privada. Sólo que en este último caso, el individuo aquejado del mal de la antipatía tiene muy claro quién es su cliente, de dónde proviene su pan y hace un esfuerzo titánico por ser amable con aquel que le paga. Porque una cosa es ser más amargo que la axila de una lagartija y otra ser tonto.

El problema se manifiesta sólo con los proveedores. En el trato con el pobre proveedor el ser agrio y desabrido que llevan dentro este tipo de personas se explaya todo lo que da de sí. Emails telegráficos, ausencia de fórmulas de cortesía, saludos y despedidas, frases cortas y secas como un bocadillo de esparto, uso sin medida del imperativo, nulo interés por las circunstancias del prójimo… Son algunas de las características más reconocibles.

El problema de todo esto (además de ser harto desagradable para el que lo sufre -y aclaro que hoy en día afortunadamente no es mi caso-) es que parten de una base errónea. Porque el modo en que te diriges a tus proveedores también forma parte de la comunicación de tu negocio y es tan importante como lo que comunicas a tus clientes. Tus proveedores hablan de ti. Es más, tus proveedores también pueden ser tus clientes. Por eso, y por una cuestión de coherencia, es importante que cuidemos y mimemos a nuestros proveedores y en general a todos los que interactúan con nuestra marca aunque no sean clientes potenciales.

La comunicación de una empresa no puede estar sólo basada en lo que hace de cara a los clientes. Porque en tal caso es muy posible que se derrumbe al primer soplo, como un castillo de naipes.

Si te preocupas por tu logo, por tu web, por tu packaging, por tus fotos, por tus campañas, por tu servicio de atención al cliente, pero no cuidas el trato que tu empresa o tú mismo das a tus proveedores, estás comunicando mal, muy mal. No estás siendo coherente. El tono de tus comunicaciones debe ser el mismo para clientes y proveedores y debe partir de una filosofía y un branding muy sólidos.

Por eso, cuando pudiendo ser un bollito de leche, eliges ser vinagre enmohecido creyendo que los proveedores no cuentan, no sólo tienes un problema con la vida. Estás boicoteando tu propio proyecto. Y eso, amigos, no interesa ni al ser más antipático de la galaxia. Así que la próxima vez que vayas a contactar con un proveedor, para y piensa: ¿cómo le hablarías si fuera un cliente?

 

¡Hasta la semana que viene!

 

 

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  • Fernando - Hola Susana,
    Te sigo desde hace poquito tiempo y es la primera vez dejo un comentario. Pero es que no puedo estar más de acuerdo contigo y justamente, es un tema que hace poco hablábamos en el estudio.
    Trabajamos con varios laboratorios fotográficos y siempre soy de lo más amable con ellos. No me cuesta nada, creas una buenas vibraciones y alegras el día a esa persona que te coje el teléfono. Aunque haya habido un problema con el pedido, no creo que ponerse hecho un basilisco vaya a arreglar mucho las cosas…
    Y una vez arreglado millones de gracias por la solución…!!! Por supuesto.

    Por cierto, muy bueno lo de “ser más amargo que la axila de una lagartija” xDDDD
    Hasta la próxima! 😉ResponderCancelar

  • del Prado - Ainnnnns amargores. Ahí, ahí es dónde más me duele… Un “Vade retro” practico yo ya con estos seres. Menos con los clientes son vinagreros con los proveedores, trabajadores, compañeros… hasta con el que se encuentran en el espejo! Convierten mi jornada laboral en una condenada del olimpo. Yo tambén quiero bollitos de leche, castañuelas, aire fresco o rayos de sol. La sencilla alegría de vivir – que bien lo has dicho Susana-, que es gratis ¡jopetas!. Y así “el trabajar es un silvar” como cantaban los enanitos de blancanieves.ResponderCancelar

  • Silvia - ¿Y que me cuentas cuando tu eres un bollito de leche con tu proveeedor y él es el vinagre enmohecido?

    Tengo guardados algunos mails de un proveedor de seguros que son una oda al estreñimiento. Ni hola, ni adios… nada. Seguro que programan ciborgs más amables.ResponderCancelar

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