Por qué deberías formar parte de un grupo de mastermind
Desde septiembre tengo una relación abierta con varias personas. Me apoyan, me ayudan, me entienden… y hasta diría que han empezado a quererme un poco. Después de tantos años de monogamia continuada, estoy un poco confusa. Pero una cosa tengo muy clara: me gusta. Me gusta mucho. Hola, me llamo Susana y estoy en un grupo de mastermind. (En este momento, os imagino al otro lado de la pantalla, diciendo a modo de coro: «¡hola, Susana!). Bromas aparte, estoy tan contenta con la experiencia que me gustaría dedicar este post a contarte lo que me ha aportado (y lo que creo que te puede aportar a ti). Y como sé que te van a entrar ganas de probar, voy a explicarte cómo funciona y qué debes tener en cuenta para crear tu propio grupo. ¡Así que vamos allá! ¿Qué te aporta? Terminaríamos antes con la pregunta contraria: qué no te aporta. Porque desde ya te digo que estar en un grupo de mastermind es como caerse en una marmita de gazpacho… ¡Es una inyección de energía! Las ventajas de tener un grupo de este tipo son casi infinitas, pero el Cervantes que habita en mí intentará ser conciso. Palabrita: