Cuando tu timidez te impide venderte bien

marketing para tímidos

 

Esto del amor y la compatibilidad me parecen cosas harto complicadas. Una ya suma su buen puñado de años, pero hay detalles a los que no les he cogido el truco. Se me resisten. No me entran en la sesera. Y mira que me he aproximado al tema desde todos los frentes posibles: ora como oyente, ora como alumna en prácticas, ora como sujeto de experimentación… Nada. No he conseguido desentrañar el misterio. Pero una cosa tengo clara: hay combinaciones de dos en dos elementos que no funcionan te pongas como te pongas.

El mundo está lleno de parejas memorables que parecen haber llegado al plano de la existencia con una sola misión: encontrarse, permanecer juntos y sonreír a la vida con su dicha. Bud Spencer y Terence Hill, los garbanzos y las espinacas, la menstruación y el chocolate, la lluvia y los atascos… Esto que llamamos vida no merecería ese nombre si no se hubieran encontrado y acoplado como piezas perfectas de un mismo engranaje.

Pero también hay parejas imposibles, velocidad y tocino a cascoporro, uniones catastróficas cuya existencia sólo puede desembocar en una cosa: advenimiento final. Hecatombe. Calamidad. Son cosas que las mires como las mires casan menos que un niño con agujetas. El alicatado y el gotelé. Las medias tupidas y la manga corta. La regañá y la endodoncia… Pero si hay una que afecta sobremanera a nuestras pobres vidas de emprendedores es la desafortunada combinación de timidez extrema y captación de clientes.

Lo siento, pero no. Estas dos cosas juntas no funcionan. Lo he comprobado una y otra vez desde que trabajo con pequeños negocios. El caso más reciente y definitivo se me ha dado hace poco. He estado asesorando a dos personas con un perfil increíblemente similar. Ambas mujeres, de mediana edad, iniciándose en el sector de la fotografía familiar con un negocio incipiente, en ciudades pequeñas, con estilos muy parecidos, con el mismo nivel de competencia… Situaciones realmente parejas que requerían que trabajara con ambas del mismo modo. Y sin embargo, el resultado alcanzado ha sido mucho mayor en un caso que en otro. ¿La diferencia? Una de estas dos personas es extremadamente tímida.

De nada sirve tener una buena estrategia de marketing y aplicar cada una de las acciones diseñadas punto por punto si no te abres, si te diriges a tu público como si fueras una almeja encerrada en su concha y susurraras desde el interior. En nuestra vida real podemos permitirnos ser tímidos porque estamos presentes físicamente y no tratamos con tantas personas a la vez. Así es más fácil que lleguen a conocernos. Pero en el 2.0 somos muchos. Juntos y revueltos. Por eso tienes que facilitar que conecten contigo siendo personal y expresivo, siendo más tú que nunca y olvidando tu caparazón.

Ojo, sé que no es fácil. Ya lo conté aquí. Aunque no lo parezca, soy bastante tímida (estoy muy mal de la sesera, y cuando cojo confianza tengo más peligro que un mono con maracas, pero a la vez soy increíblemente introvertida). El cuerpo de bomberos sale a hacer prácticas en mi cara cada vez que tengo que hablar en público. Las llamas del infierno se alimentan de mis orejas. Y alcanzo temperaturas dignas del empaste de un dragón. Pero hago de tripas corazón, pienso en el mundo online como en mi patio de vecinos y me espanto la vergüenza a golpe de chiste de andar por casa.

Porque sé que si no conecto, no existo. Que si no dejo que vean como soy más allá de la timidez será imposible que me conozcan, que me recuerden, que confíen en mí. Por eso, tras haberlo vivido en carnes propias y ajenas, creo que el mejor consejo que puedo darte es que si vas a llevar la comunicación de tu propia marca, antes de trabajar tu marketing, trabajes más a nivel personal. No se trata de que de repente dejes de ser una persona tímida, que finjas ser otro y que te saques del fondo de la chistera una voz impostada que no es la tuya. Con Milli Vanilli ya tuvimos suficiente. Se trata de eliminar todos esos bloqueos que hacen que no puedas escribir más de dos frases seguidas, que no puedas ser más expresivo, que tengas que recurrir a frases hechas, a tópicos, a generalidades, que te impiden profundizar cuando redactas algo y nos dejan en la peligrosa superficie del ni frío ni calor.

Ahí no, señores, que ese terreno es peligroso, inhóspito y hostil. Salgan de ahí a la mayor brevedad posible y dejen los intentos vanos de casar la velocidad con el tocino porque hay parejas que no han nacido para estar juntas. No lo hagan más complicado de lo que es. Depongan las armas y la vergüenza, que ya es suficientemente difícil emprender como para ponernos más obstáculos y boicotearnos a nosotros mismos.

Grita al mundo tu existencia. Hazme caso. Yo de amor no sé mucho, pero esto lo tengo muy claro: el mundo está deseando conocerte.

 

¡Hasta la semana que viene!

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  • Carmen - ¡Hola, Susana!

    Aunque no soy una persona extremádamente tímida, sí que me da mucha cosa hablar en público y exponerme en general, así que te entiendo…

    Algo que a mí a nivel personal y profesional me ha ayudado mucho (y creo que a ti también :P) son los autorretratos. Ponerte delante de la cámara estando solo y tranquilo, es una de las mejores terapias para conocerse a uno mismo y aprender a verse desde diversas perspectivas.

    Un besoteResponderCancelar

    • Susana - ¡Totalmente, Carmen! Los autorretratos para mí han sido mano de santo para muchas cosas y, por supuesto, una de ellas es la timidez. Me he expuesto a tantas situaciones surrealistas por conseguir la foto que quería que ya estoy curada de espanto. Me he plantado en la fachada de un Decathlon en hora punta con un cohete de cartulina y monopatín, he deambulado por una carretera secundaria en camisón, me he electrocutado el culo saltando una valla para hacer fotos con unas vacas de fondo… Algún día tengo que contarlo, jajajaja.ResponderCancelar

      • Ana Paniagua - por favor, Susana! Esas historias no puedes guardártelas solo para tí. Necesitamos que se las grites al mundo. ¡Yo las espero! Un besazo!ResponderCancelar

        • Susana - Jajajajaja, ¡si yo te contará! Ya sabes que no tengo sentido del ridículo digital, así que fijo que las termino contando 😉ResponderCancelar

  • Lourdes López - Impaciente me tenías… Hoy no he podido desayunar con tu post, con lo que me gusta 🙁 Pero te lo perdona porque me ha encantada y porque lo de la regaña se va al top ten de comparaciones favoritísimas. Espero que estés bien, guapa!ResponderCancelar

    • Susana - Ains, ¡lo siento! Si es que os tengo muy mal acostumbrados después de 3 años de puntualidad británica, jajajajaja. No está todo bien, pero como decía “Ánsar”, estamos trabajando en ello. Y tengo un post pendiente para contarlo. ¡Un beso!ResponderCancelar

  • Anna - Un lujazo de post como siempre. Se te echa de menos en Instagram. Espero que todo esté bien. Un beso!ResponderCancelar

    • Susana - ¡Yo también lo echo de menos! Espero poder volver a las andadas en breve. Un beso grande!ResponderCancelar

  • Valentina - Me quedo con ti última frase:
    “ya es suficientemente difícil emprender como para ponernos más obstáculos y boicotearnos a nosotros mismos.”

    Yo también soy Super tímida y creo que se nota en mi firma de hablar. Pero como bien dices, he decidido dar pequeños pasos para superarme y abrirme. No se trata de cambiar de personalidad, pero si de crecer. Yo decidí escribir de la forma más parecida posible a la que hablo. Y lo que más me está ayudando a tener más confianza en mi misma es escuchar mi voz o verme en video! Y fue ahí donde me di cuenta de que no es todo tan horrible como en nuestra imaginación!!
    Un beso muy grande preciosa! ResponderCancelar

    • Susana - Síiii, vamos a hacerlo fácil por favor. ¡Dejemos de luchar contra nosotros mismos! Tu voz es súper natural, Valentina. ¡Lo estás haciendo muy bien!ResponderCancelar

  • Cristina - Da gusto leerte!!!genial y brillante tu post y TÚResponderCancelar

  • Estefanía - Este post parece hoy escrito para mi y es que me muero de vergüenza cuando tengo que vender. Es lo que peor llevo.
    Hay muchas ocasiones en las que tengo la oportunidad de hablar de lo que hago pero me da la sensación de que suena muy avasallador y que puedo espantar más que atraer y por eso al final termino sin contar lo que quizás supondría ganar un cliente más.
    Está claro que tengo que echarle más morro porque como dicen por mi tierra, “el que tiene vergüenza, ni come, ni almuerza”.ResponderCancelar

    • Susana - ¡Hola, Estefanía! Te entiendo muy bien porque soy como tú. No me gusta nada lo de vender a lo bruto, pero, si te sirve de algo, hay dos factores que a mí personalmente me han ayudado mucho:
      1) Cambiar la forma de ver este asunto y entender que vender no es malo, todo lo contrario. Se trata de ofrecer un servicio de calidad, cubrir una necesidad aportando lo mejor de ti como profesional. Para que un cliente pueda cubrir esa necesidad, es importante que le informes sobre lo que haces y cómo puedes ayudarle. Eso es vender. Es honesto, necesario y bueno para ambas partes. Lo que sucede es que lo tenemos asociado a cosas mucho más negativas y por eso nos da pudor.
      2) Encontrar un tono con el que te sientas cómoda. Una manera de decir las cosas relajada y natural, sin sonar a teletienda, a ejecutivo agresivo o a comercial trasnochado.

      ¡Pruébalo! Seguro que con un poco de tiempo y práctica, cada vez te sale mejor.

      ¡Un beso!ResponderCancelar

  • Ginger - Hola! Hace poco que te sigo por Instagram y acabo de pasearme por tu web. Me has encantado, literalmente. En la forma y en el fondo. Gracias por compartir y por ayudarnos, yo aún estoy rompiendo el cascarón pero me he puesto una fecha y la firme decisión de cumplirla, más que nada porque me espera una gran tarta de yema tostada sin gluten, un lujo que se merece una ocasión atinada ; P . Espero que personas como tú se pasen por mi proyecto cuando eclosione. (De momento voy tomando forma en Insta @motivateconginger) Un saludo y nos vemos!ResponderCancelar

    • Susana - ¡Hola, Ginger! Muchas gracias por tus palabras, me ha hecho mucha ilusión leerte. Los comienzos nunca son fáciles y hay mucho que aprender por el camino. Pero ya verás que poco a poco, sin prisa pero sin pausa, todo va a mejor. ¡Un abrazo!ResponderCancelar

  • Nuria - Susana, soy fiel a tus posts y este me describe a mi incapaz de dar el salto al mundo profesional de la fotografía porque no se venderme por mi timidez. Y la verdad que me lo voy a tener que mirar en serio y ponerme las pilas porque creo que tengo mucho que ofrecer. Gracias por tus cápsulas de energías que suelen aportar tus posts.
    Un besoResponderCancelar

  • Mamen - Siempre digo que me pongo como Heidi cuando me entran los nervios provocados por la timidez. ¿Recuerdas sus chapetas? A veces, esos primeros segundos de conversación, hasta he tartamudeado… ¡qué horror! Menos mal que los años y el auto conocimiento te hacen más fuerte, hacen que te veas más capaz y sobre todo te ayudan a salir de ese caparazón que nombras, para no temer ofrecer lo mejor de una misma. Ofrecer aquello que sabes puede ayudar a quien tienes frente.
    Gracias por el post, Susana. Me ha gustado muchísimo ResponderCancelar

  • Aurea_IamaMess - Ayyyyy!!! Cuanta razón! Yo soy timidiiiiiisima!Pero una barbaridad,nivel me quedo en la barra del garito 30 minutos a esperar contacto visual con la camarera” y no queda más remedio que luchar contra esto, por lo menos para ahorrar tiempo. Eso sí, cada vez es un poco más facil!ResponderCancelar

    • Susana - Tú eres de las que engañan, igual que yo! Ya te lo dije una de las primeras veces que hablamos: que quería irme de fiesta contigo. Pero si no vas a pedir la bebida, me pones en duda :p
      Un besazo enorme, guapa!!ResponderCancelar

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