Storytelling para novatos (III). Cómo ir un paso más allá
Lo sé. Ha sido leer la palabra storytelling e invadirte un carrusel de emociones muy rándom: ora éxtasis, ora gratitud, ora venganza… Es lo que tienen los palabros, sobre todo los que se ponen de moda, que nos seducen y nos confunden a la par. Pero eso es porque te pierden las prisas y no recuerdas que el término de marras es un viejo amigo de este blog y que ya hablamos de él acá y acullá. De hecho, hemos intimido tanto que ya sólo me falta ponerle un pisito. Y como no tengo el bolsillo para fiestas (o lo que vienen siendo los bajos de mi cuerpo para farolillos), quiero dar por terminado nuestro idilio con el post de hoy. Un broche en toda regla a la trilogía de storytelling para novatos. ¿Pero qué queda por contar después de haber dedicado 2 posts enteritos a este asunto? Hagamos memoria: en el primero te expliqué por qué aplicar está técnica y qué usos específicos podrías darle; y en el segundo te hablé sobre cómo contar tu historia de marca. Hoy quiero ir un paso más allá y contarte en qué está derivando esto del storytelling para que puedas llevarlo al terreno