Mis dulces… ¡¡36!!
Cuando te caen más castañas de las que te gustaría, es inevitable pensar. Pensar fuerte. Nada de reflexionar un poco y olvidarse del tema, no. Pensar con ahínco, apretando la sesera como si estuvieras a punto de parir una idea. Si a esto le sumas que una es campeona olímpica en darle vueltas a la croqueta (con y sin pértiga), tenemos el combinado perfecto. Agitar y listo. La crisis existencial está servida. Que sí, que yo sé que esto es un blog profesional, que por muchas gracietas que meta entre consejo y consejo, aquí hemos venido a aprender. Pero, como dueña del cortijo, y habiendo sido mi cumpleaños hace exactamente 5 días, hoy me vas a permitir la licencia de hablar un poco más de mí y un poco menos de marketing. De todas formas, estoy segura de que me vas a entender bien, sobre todo si, como yo, acarreas una cantidad de castañas considerable… La cosa funciona más o menos así: la veintena se nos pasa en un suspiro. Terminamos la carrera, hacemos prácticas, encontramos un trabajo y, para cuando nos damos cuenta de que aquello no es lo que queremos, ya hemos rebasado los treinta. En mi caso, fue