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El verano, ahí donde lo ves, tan de la industria del ocio y del rascado de barriga a dos manos, es una época de crispación y controversia como pocas. Sí. El verano se presta a debate. Es un momento de tomar decisiones que nos estresan, que nos hacen cuestionarnos quiénes somos y a dónde vamos. Que si el mediterráneo o el atlántico, que si cuchilla, cera o crema depilatoria, que si siesta antes o después de comer, que si autodefinido o sopa de letras… Esto no hay ser humano que lo aguante. ¡Basta ya, por favor! Y por si fueran pocas las cuestiones existenciales que se nos acumulan en la sesera como a todo ciudadano de a pie, encima los que tenemos un blog llenamos de tormento nuestra noches estivales con otra pregunta más. ¿Qué hago con el blog? ¿Me lo corto o me lo dejo largo?

La A, señores, la A. Después de varios años dedicada al oficio de darle a las teclas, estoy firmemente convencida de que dejar de publicar en verano es bueno para ti, para mí y para el devenir de la galaxia. Pero si con mi experiencia y mi palabra no te basta (cosa que me parece fatal), aquí tienes 4 razones de peso por las que debes darte un respiro:

 

1. Porque no te va a leer ni el tato.

Si no eres un libro de aeropuerto, un whatsapp o la carta de tapas del chiringuito, ni lo intentes. No vas a atrapar el interés de nadie. Es duro, pero entiéndelo: son demasiados inputs.

 

2. Porque tu cabeza necesita descanso.

Hazme caso. Llevas meses recibiendo señales del más acá y lo sabes: no se te ocurre sobre qué escribir, tardas el doble en terminar un post, fantaseas con saltarte la publicación semana sí semana también y ayer te depilaste con pasta de dientes… Todo eso se cura con descanso (y/o leyendo mi ebook). El único modo de mantener un blog vivo y saludable es parar cuando toca, pensar en otras cosas y dejar que el sol, el aire libre y el mar (o la piscina) hagan el resto del trabajo. A tu vuelta serás más creativo, más productivo y tendrás los pechos más turgentes. ¿Qué más se puede pedir?

 

3. Porque tienes que empezar a preparar la temporada que viene.

Yes, Maribel! Sólo hay una forma de no ir de culo durante el año: anticiparse y arrancar septiembre con varios posts en la manga ya preparados. ¿Y cuándo los vas a preparar si sigues publicando en verano?

 

4. Y porque no se cae el mundo si no publicas.

En serio, te animo a probarlo sin miedo. Te parecerá raro, pero no desandarás el camino andado. No te borrarán del 2.0 de un plumazo. Y la gente seguirá recordándote y leyéndote cuando decidas volver. Básicamente porque ellos también estarán volviendo en esos momentos.

 

Que sí, que lo sé, que lo de ser masoca y haberte convertido en tu peor jefe es adictivo y uno se siente raro cuando lo deja. Pero tu cuerpo y tu cabecita te lo van a agradecer. Y para muestra, este botón: aquí la que suscribe publicará el último post de la temporada la semana que viene. Hasta septiembre no pienso volver a las teclas. Y si me aburro, siempre puedo montar una estantería Billy de IKEA o inducirme mi propio cólico de gazpacho. ¡Será por cosas que hacer!

 

¡Hasta la semana que viene!

 

 

  • SantiMB - Pues mira que me lo estaba planteando, esto de dejar el blog (bueno, los blogs) en reposo durante el verano, y después de leer tus razones me has convencido, a finales de junio ¡cierro por vacaciones!

    Gracias por poner orden en mis pensamientos, y feliz verano!!ResponderCancelar

  • Oli&Moli - El año pasado no cerramos, y este año cerraremos en agosto, que en septiembre se avecinan cambios! Nervios! Un post genial (como siempre!) Besos!ResponderCancelar

  • Marta - ¡Uy qué bien Susana! Porque después de más de un año de publicaciones semanales tengo la sesera que ni mi nombre sé escribir! Me apetecía tirarme 3 semanas lejos de blog, redes sociales y correos electrónicos, aunque algo de remordimientos tenía… Pero me has convencido (gracias, gracias, gracias) ¡Pues a por las vacaciones! Yujuuuuu! 😀ResponderCancelar

  • ieves - Yo también estaba planteando el no publicar durante el verano y centrarme en la próxima temporada. Mi cabeza echa humo de tanto publicar. Seguramente de el corte en estos días.ResponderCancelar

  • Marhya - Yo en verano sigo consumiendo blogs, aunque a otro ritmo. Y publicando, aunque también a otro ritmo. 10 años de blogger y no he cerrado ningún verano, pero si que publico menos y otro tipo de contenido apropiado a la fecha.
    Hace años todavía podía ser lo de que bajaban las visitas pero en los últimos años con los dispositivos móviles se mantienen similares, de hecho muchas personas a las que a diario no les da la vida, en verano leen blogs como antes se leían revistas en la piscina. 😉
    Feliz día.ResponderCancelar

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Los pelos como alcayatas. Pánico 2.0. Terror del siglo XXI. Agárrate al escritorio, al brazo del sillón o a cualquier superficie sólida a la par que reconfortante que tengas a mano. Porque voy a hacer el retrato exacto de la versión digital del infierno de Dante. Atención. Imagina que un señor coreano o de Cuenca, por ejemplo, por una suerte de razones que se nos escapan, te piratea tu cuenta de Instagram. Vamos, que se la agencia por todo su jepeto asiático (o manchego) y se queda con tus followers, tus fotos, tus textos, tu nombre… Con TODO. Un día vas a entrar en tu cuenta y ¡zas! No puedes acceder. Alguien ha cambiado el email y la contraseña de acceso. Así, sin más. De repente, todas las horas que has invertido en formar una comunidad y crecer no sirven de nada porque has pasado de la vida a la muerte (digital, claro) por obra y gracia de un desconocido.

¿Te suena a ciencia ficción? Pues te aseguro que es algo que sucede a cada instante. El otro día, sin ir más lejos, le pasó a una chica a la que sigo en Instagram. Finalmente, consiguió recuperar su cuenta, pero el susto, los trámites y la cantidad de días que pasaron hasta entonces no se los quita nadie. Y como no quiero que a ti te suceda lo mismo, hoy voy a contarte cómo hacer que tu cuenta de Instagram sea más segura:

 

1. Autenticación en 2 pasos.

Instagram incorporó esta opción no hace mucho, así que puede que no te hayas enterado aún. Con esta medida de seguridad extra pones un poco más complicado el pirateo de tu cuenta, ya que añades un paso más.  Además de iniciar sesión con nuestro usuario y contraseña, al tener activa esta opción, nos pedirán un código que recibiremos vía SMS en nuestro móvil (sin coste). Este código es temporal, es decir, que es diferente cada vez. Por tanto, una persona que no tenga físicamente nuestro móvil en ese momento, no podrá acceder a nuestra cuenta.

Activar esta opción, además de muy aconsejable, es muy fácil. Sólo tienes que entrar en el menú de opciones de tu perfil de Instagram. Arriba a la derecha, te aparece el icono de una especie de tuerca. Si lo pulsas, te saldrá un menú de opciones, entre las que está la de “Autenticación en dos pasos”. Selecciónala. Una vez dentro, activa la opción “Solicitar código de seguridad”. Tendrás que especificar tu número de teléfono y te enviarán un mensaje para confirmar. ¡Listos! Ya estarás un poco más a salvo.

 

2. Tu contraseña.

No sé a ti, pero a mí, con esto de tener que memorizar tanta contraseña, hace tiempo que me baila un bizcochito en la cabeza. Vamos, que no me da. Cuando pienso en aquella época en la que sólo tenía que recordar el pin de la tarjeta y, como mucho, la contraseña de hotmail, se me escapa una lagrimilla fugaz. ¡Ay, señor, qué tiempos! Qué inocencia arrastrábamos con nuestros móviles a pedales, el chat de Terra, los politonos… Sin embargo, ahora andamos permanentemente al borde del patinazo senil con tanto password que recordar. Y, claro, para evitar tal desgaste neuronal aquí más de uno y más de dos terminamos poniéndole las mismas contraseñas a todo (y además sencillitas, no se vayan a herniar los piratas cibernéticos, que está muy mala la cosa).

Por eso, cuando leí las recomendaciones del servicio de ayuda de Instagram, me entró la risa floja. Dicen que debemos elegir una contraseña en la que combinemos al menos seis números, letras y signos de puntuación (como “!” y “&”). Y que además optemos por una contraseña que no utilicemos en ningún otro sitio. Con más razón que un santo, of course. Pero es exactamente lo mismo que te recomendarán los del banco, tu email, tu hosting, tu móvil, tus otras redes, tu paypal, todas las tiendas en las que compras… Al final es más fácil memorizar la tabla periódica que semejante retahíla. Quizás una solución podría ser el uso de un gestor de contraseñas tipo LastPass. De este modo, sólo tendrías que aprenderte una contraseña maestra y el gestor se encargaría de recordar el resto por ti.

 

En fin, todo sea por evitar males mayores. Que hoy estás en la cresta de la ola y mañana de repente desapareces de un plumazo. Y, vale, no es lo mismo que morirse, pero con lo caro que se cotiza hoy en día el kilo de followers y el trabajito que cuesta conseguirlo no hay que tentar a la suerte. Porque al final no se trata de likes ni seguidores: se trata del tiempo y el esfuerzo que dedicaste a estar donde estás. Y como dirían mi madre o la tuya, mejor prevenir que curar.

 

¡Hasta la semana que viene!

 

 

  • Elena L. Maraver - Hace no mucho me di cuenta de que a una chica a la que yo seguía le habían robado la cuenta de Instagram. Total para subir fotos tontas delante de un espejo y cosas así, hay que estar aburrido en la vida. Por suerte también la ha recuperado aunque no sé cuánto le ha debido de costar lograrlo.

    Yo por mi parte ya he habilitado la autenticación en dos pasos y he cambiado mi contraseña por una más segura (a ver si consigo recordarla). No es que yo tenga una cuenta espectacular con grandes fotos y miles de seguidores pero oye, es mi cuenta y me cabrearía mucho perderla.

    Mil gracias por los consejos!!ResponderCancelar

    • Elena L. Maraver - Por cierto! Se me olvidaba! Aparte de poner la autenticación en dos pasos y una contraseña segura, tengo automatizada con IFTTT y Google Drive una copia de todas las fotos que subo a Instagram. Esta chica que te comento, aunque recuperó su cuenta, perdió 3 años de fotos, 3 años de trabajo ya que es una cuenta profesional, además de 10.000 seguidores (que se dice pronto!).

      Gracias de nuevo por tus consejos, Susana!!ResponderCancelar

  • Valentina - Ohh madre mia, mil gracias Susana por este consejo. No tenía ni idea, ni de que existía esta posibilidad de que alguien se apropie de nuestras cuentas, ni de que existía la autenticación en dos pasos. Ya está activada!

    Pero sabes que me pasó a mi hace poco? Algún virus/robot se me ha metido en mi cuenta y ha empezado a seguir a gente muy rara que por supuesto yo no seguiría. Así que sí… estas cosas pasan y para mi ha sido la excusa perfecta para cambiar de contraseña.

    Yo conozco Last Pass, pero mi problema es que se me ha olvidado la contraseña maestra (bieeeeen). Así que te comparto otro truco para tener contraseñas complicadas, distintas y sobretodo, fáciles de recordar: escribir una frase con cada palabra en mayuscula. Así yo asocio una frase a cada tipo de cuenta y hasta la fecha me va bastante bien!

    Un abrazo guapísima!ResponderCancelar

  • Ayelen - Excelentes consejos! No conocía LastPass, ya estoy mirando su página para poder implementarlo. Ya me paso una vez que quisieron meterse en mi cuenta de Facebook pero gracias a que tenia registrado mi mail y numero móvil, pude evitarme un mal momento.
    Saludos y gracias!ResponderCancelar

  • Elena | Detallinos - Me da un parrús sólo de pensarlo, Susana… ¡Ay, madre! La verdad que no sabía eso de la autentificación, y por supuesto, ya lo he llevado a cabo. Totalmente de acuerdo con aquello de “mejor prevenir que curar”.

    Por otra parte, como bien dices, si les hicieramos caso en lo de poner esas pedaaaazo de contraseñas en cada cosa… Ay, mira, si alguien me dice que es capaz de sabérselas todas, le pongo un pin, jajaja. Yo las tengo todas anotadinas en un planificador que me hice; que ahí, salvo que asalten mi casa, es difícil que alguien me las pueda robar, jejej.

    ¡Un besote, amoreee!ResponderCancelar

Las hogueras de San Juan no eran nada comparado con mi cara. Lo supe la primera vez que fui a Madrid. Me llamaron para que fuera a recoger el primer premio de un certamen nacional de relato corto. Y entre la emoción y la incredulidad, cogí un AVE y me planté en la capital sin mapa, ni wifis ni leches. Y sobre todo, sin haber reparado en el momento discurso ante una cantidad considerable de público ni en su correspondiente entrevista, grabada para que quedase en los anales de la historia. Me quise morir. En mi cara no cabían más grados centígrados ni fahrenheit. Aquello era digno de una intervención en toda regla del cuerpo de bomberos. No se recuerda algo así desde el rodaje del Coloso en llamas.

Lo he dicho muchas veces y a día de hoy nadie me cree. Yo era tímida, muy tímida. Me quedaba mortimer si tenía que hablar con un desconocido, ir a un sitio nuevo o simplemente tener algún tipo de interacción con un ser vivo. En mis orejas se podía fundir el acero suficiente para construir una flota de barcos, 3 rascacielos y hasta la estructura completa de la Estrella de la Muerte.

Por suerte, es algo que he logrado superar bastante. O del todo. Porque si no, a cuento de qué me iba yo a abrir un canal en Youtube. Creo que sobra decir lo increíblemente poderosa que es esta plataforma para todo aquel que tenga un negocio online. Pero cada vez que saco el tema con mis clientes, se mueren solo con plantearse la idea de salir en video. Por eso, hoy quiero contarte cómo ganar confianza delante de la cámara.

 

Como digo en el video, si yo he podido hacerlo, ¡tú también puedes! Así que espero que muy pronto te pongas manos a la obra, ¡que a la vida hay que echarle rostro! ¡Y yo quiero vértelo! Y sí, además de ver tu cara bonita, también quiero que me des un like si te ha gustado este video porque así me ayudas enormemente a que pueda seguir generando contenido gratuito y de calidad cada semana. ¿Le das al icono de la manita hacia arriba? ¡Gracias mil!

 

¡Hasta la semana que viene!

 

 

  • Lourdes - Yo no sé si eres tímida, lo que sí sé es que tu arte lo tiene muy poca gente. Yo me quedo por aquí a ver si se me pega un pocoResponderCancelar

  • Anna - Yo estoy con Lourdes. Eres una fakin artista de la pista y me encanta leerte, pero verte en vídeo me chiflaResponderCancelar

  • Laura Zalve - Menudo arte y menudos consejos tan tan geniales. La verdad es que tengo ganas de abrirme un canal en Youtube… pero lo que más me hecha para atrás (a parte del hecho de la vergüenza perenne, que con tu vídeo voy a intentar solucionar) es el equipo para grabar. Para que la luz se vea bonita y todo bien blanco y brillante 😀

    ¿Algún consejo? oh gran Susana, reina de las tarimas de Youtube 😛 ¿Qué es lo que utilizas para grabar así de bonito?

    ¡Un abrazo bien fuerte!ResponderCancelar

  • Elena | Detallinos - Aysss, Susana de mis amores… ¡Si es que no puedes tener más arte! Qué bien nos ha venido también el Snapchat para perder un poco la vergüencilla ¿verdad?
    Me encanta poder verte un poco en vídeo, porque: ejem, ejem… El Snapchat, aunque digas al final del vídeo que tienes, en realidad, está el pobre con algunas cuantas bolas rodantes del oeste jajaja.
    ¡Un besote, chulinaaaa!ResponderCancelar

  • Sarah - Me ha encantado, pero yo soy mucho mucho mucho más tímida jajajajaja me M U E R O jajajajaResponderCancelar

  • Valentina - Qué bien me vienen estos consejos Susana! Yo para superar mi timidez directamente me he tirado a la piscina, sin preparación ni na!!!!!!

    Y el resultado ahí está: me muero de la vergüenza, no consigo mirar la cámara, en fin… Poco a poco! 😛

    Un super abrazo guapaResponderCancelar

  • Sofía - Susana, eres maravillosa!!!! tienes tan buena energía, eres tan curranta y tan auténtica!!!! dan ganas de lanzarse y todo eh !!!ResponderCancelar

  • Glòria - Voy a seguir TOOOODOS tus consejos a ver si me atrevo por fin!!! ResponderCancelar

  • Aleja Marin - ¡Hola Susana!

    Gracias por estos tips.

    Soy la más parlanchina, simpática, animosa, risueña, pero ante la camarita me hago un nudo y nomás no puedo.

    Verte con esa frescura me hizo pensar que sí se puede dar ese salto al vacío…y divertirse en el intento.

    Un abrazoResponderCancelar

de los planes a la acción

 

Nos dicen que saltemos, que nos lancemos de cabeza, que volemos alto… Y nos morimos de miedo. Lógico. Esto pinta peor que un vuelo en Ryanair. A veces las frases hechas tienen el poder de deshacer el ánimo de los más valientes. Así no hay decisión que no se tome sin su poquito de ansiedad, lloros, ruegos y preguntas, infartitos y arritmias varias. ¿Quién es capaz de mantener el ánimo con semejantes metáforas? ¿Quién no teme dar un paso en falso cuando todas las expresiones que usamos nos representan al borde de un abismo? ¿Cómo narices vamos a pasar de los planes a la acción sin temer por nuestras vidas y el futuro de la galaxia?

Me apetecía escribir sobre este tema locamente, pero reconozco que me ha costado encontrar el enfoque. Porque hay mil posts en los que te cuentan cómo pasar de los planes a la acción en 3, 4 ó 5 pasos, dependiendo de la tendencia a lo esquemático o a transitar por los cerros de Úbeda que tenga el autor en cuestión. Y, oye, nada que decir al respecto. Tienen todos más razón que un santo: hay que establecer objetivos, pensar cómo vamos a alcanzarlos, planificarse y toda la pesca. Pero en mi caso, el problema no era ese. Y me da que no soy la única. El quid de la cuestión está en dar el primer paso, en atreverse. En superar la procrastinación, el miedo y todo lo que nos impide pasar de los planes a la acción, de los mundos de yupi que nos montamos en la azotea al mundo real.

Yo, como buena bipolar que soy, me he pasado años mareando la perdiz y también he tomado decisiones muy drásticas de un día para otro. Siempre he aprendido más de lo segundo que de lo primero. Sobre todo a enfrentar la toma de decisiones con menos miedo y más arrojo, porque me he dado cuenta de que:

-No nos lanzamos al vacío. Nunca. Simplemente escogemos un camino que, al igual que otros, se transita paso a paso.

-Nada sucede de golpe. Ni lo bueno ni lo malo. El fracaso más estrepitoso rara vez llega sin avisar, sin un periodo de transición en el que cada día puedes intentar hacer algo para evitarlo, para afrontarlo o para buscar una alternativa.

-Al final no triunfas ni fracasas. Vas sumando pequeños logros y pequeños errores y vas haciendo que la balanza se incline hacia un lado u otro. Pero siempre tenemos un día más, una oportunidad más para añadir peso al lado bueno de la balanza. Nada es definitivo. Esto no se acaba hasta que se termina de verdad.

En lo personal, quitarle el matiz de drástico y definitivo a la toma de cualquier decisión me ha ayudado mucho. Tanto a la hora de emprender como a la hora de mudarme a otra ciudad, por ejemplo. Si yo hubiera pensado “voy a vivir a mil kilómetros de mi familia toda mi vida” en vez de formularlo como “de momento, voy a vivir a mil kilómetros, pero nunca se sabe, quizás solo sea un tiempo”, me habría aferrado a mi madre y le habría pedido que me hiciera croquetas hasta el fin de los días. Por suerte para ella, he sido capaz de enfocarlo de otra manera.

Además, con el tiempo he perfeccionado la técnica de engañarme a mí misma gracias a estos 2 trucos que te recomiendo con fervor:

a) Haz como si ya lo estuvieras haciendo. Por ejemplo: ¿quieres escribir un blog pero te da un poco de reparo? Muy bien. Empieza a escribir un blog sin tener un blog. Simplemente haz como si lo tuvieras. Después de un par de meses escribiendo posts, el miedo habrá desaparecido y podrás hacer eso que en el fondo tanto te asustaba: abrir cuenta en un blog, ponerle un nombre, pensar en el diseño…

b) Pon por escrito un plan B con todo lujo de detalles. Una especie de salvavidas al que recurrirás si todo sale mal. Y después olvídalo, no le des más vueltas: céntrate en lo importante y en que salga bien.

En este tipo de artimañas se apoya la que suscribe y no le ha ido tan mal. De momento, como diría José Luis Cuerda, amanece, que no es poco. Así que si gusta, sírvase usted mismo. Aquí las dejo para su uso y disfrute.

¡Hasta la semana que viene!

P.D.: Si en algún momento te has suscrito a mi newsletter, te adelanto que el viernes vas a recibir un email con contenido exclusivo que no aparece en el blog. Para ti y sólo para ti. A partir de ahora, el primer viernes de cada mes, te llegará un mail con una ilustración y un podcast. Te he dicho muchas veces que, si por mí fuera, te mandaba un tupper de croquetas. Y te aseguro que croquetas vas a tener y muchas. ¡El viernes lo entenderás! Queda inaugurada “la croqueta del mes”, una nueva sección sólo para suscriptores.

Y si eres un alma volátil y aún no te habías suscrito, pero quieres hacerlo, haz click aquí, que aún estás a tiempo.

 

 

  • MARIA - Buenos días.
    Me encanta tu publicación, enhorabuena por ello.
    Por cierto, el libro de la imagen, me rechifla. Cuál es, porfa?
    Saludos y feliz semana.ResponderCancelar

  • Sonia - Deseando una de croquetas ya!A mi toma mucho tiempo tomar decisiones, ese miedo al borde del abismo me frena.Intentaré enfocarlo com o dicesResponderCancelar

  • Elena - ¡Uf! A mí el miedo y la incertidumbre me paralizan mucho y no me dejan visualizar nada más que el fracaso de la idea. Tengo mucho trabajo por delante en este aspecto.
    Muy buen post, como siempre 🙂ResponderCancelar

  • Pilar - Gracias como siempre, Susana. Por darnos un poquito de impulso a aquellas que nos consideramos un poco cobardes y pensamos que no acabamos de dar el paso cuando en realidad sí que lo estamos dando, sólo que a nuestro ritmo… 🙂ResponderCancelar

técnicas de persuasión

 

¡Hombre, por favor! ¿Qué está pasando aquí? Que hace 2 días estábamos cazando mamuts y éramos 4 gatos en el mundo… Y de repente aquí no cabe un alfiler, que estamos más apretados que la mano de un trapecista. Somos tantos y hacemos tanto ruido que es realmente imposible darse a conocer y, sobre todo, vender. He aquí algunas técnicas de persuasión o influencia social empleadas en publicidad que te pueden facilitar un poco las cosas:

1. Reconocer las resistencias.

En esta vida, todo tiene sus pros y sus contras. Por muy bueno que sea lo que vendemos, siempre existirán resistencias y argumentos en contra. La mayoría de anuncios y campañas se basan en reforzar los aspectos positivos y hacer todo lo posible para no llamar la atención sobre las posibles resistencias y tesis en contra. Pero esta técnica se basa justamente en lo contrario, en reconocer abiertamente esas resistencias y hacer hincapié en la libertad de cada cual a la hora de decidir. Básicamente es decir algo como “Ya sé que piensas que […], pero quizás no hayas considerado que […]. O bien “Esto es bueno porque […], pero eres libre de aceptar”.

¿Por qué funciona esta técnica? Porque no sólo elimina el “no quiero” sin más, sino que transmite al cliente potencial la sensación de que le entienden, de que empatizan con él y sus circunstancias

LLÉVALO A LA PRÁCTICA: Piensa cuáles pueden ser las resistencias de tu cliente potencial a la hora de comprar tu producto o servicio e incorpóralas en tu página de venta.

 

2. Poner el pie en la puerta.

¿Luis Fonsi? Un visionario de toda la vida de Dios, el Don Draper del reggaeton. Des-pa-ci-to, claro que sí. Pasito a pasito, suave suavecito, no vamos pegando poquito a poquito. Pues en eso mismo consiste esta técnica persuasiva. Primero pides a la gente que acceda a una petición aparentemente pequeña y un poco después les haces una petición mayor, pero en la misma línea que la anterior. Se ha demostrado que empezar con una petición menor aumenta considerablemente la posibilidades de que el cliente acceda a otra mayor, a la que tal vez no accedería si se la planteases directamente.

Llévalo a la práctica: Selecciona o prepara dos productos o servicios en la misma línea, uno más pequeño y otro más grande. Empieza siempre con la venta del pequeño y de ahí pasa al otro. ¡Aumentarás las posibilidades de que te compren el grande!

 

3. Autopersuasión.

Miren ustedes, yo tuve un novio nada provisto de gráciles cualidades, virtudes ni dones. Lo que viene siendo un prenda. Un primor con un pie en Mujeres, Hombres y viceversa y otro en Alcalá Meco. Cada vez que lo llevaba a casa, mi padre deseaba que se abriera una falla tectónica en mitad del salón, que fuera devorado por una manada de licántropos y que la furia de Zeus le golpeara a todo dar en el cogote… Pero a falta de desastres naturales y seres mitológicos, el pobre señor intentaba convencerme con argumentos que por un oído me entraban y por otro me salían, dejando una autopista de aire de 8 carriles en mi cabeza. Tenía que darme cuenta por mí misma de que estaba saliendo con un profeta del chonismo más exacerbado. Sentir que la decisión de dejarle era mía y no de mis padres. Hasta entonces no dejé de ir por la vida como vaca sin cencerro.

Y es que cuando intentamos persuadir a alguien, el mayor obstáculo está precisamente en su resistencia a ser persuadido. Es algo que todos hacemos de forma natural, casi sin darnos cuenta. No queremos tener la sensación de que nos hayan convencido, queremos sentirnos libres de influencias externas, tener el control sobre nuestras propias decisiones. Pero ¿y si pensamos que en realidad hemos sido nosotros quienes han tomado la decisión? El resultado cambia considerablemente.

Si sientes que los argumentos a favor de realizar una acción son tuyos y no de otros es mucho más probable que termines llevando a cabo esa acción aunque suponga para ti un cambio de conducta significativo. ¿Pero cómo se consigue que aquel a quien queremos persuadir genere estos argumentos a favor? Principalmente con preguntas retóricas que hagan pensar a tu público y generar de forma natural sus propios argumentos sobre un tema.

Aunque no basta con enfocar los mensajes con preguntas. El sujeto debe estar motivado y tener el tiempo suficiente para procesar estos mensajes y generar sus argumentos. Además, se ha demostrado que los efectos de la autopersuasión son más potentes cuando una persona hace público sus argumentos, cuando los graba o los escribe.

Llévalo a la práctica: Por suerte, hoy en día con las redes podemos conseguir esto de una forma relativamente sencilla. ¡Así que ya sabes! Antes de pasar a la venta activa, formula preguntas aparentemente libres y casuales sobre un tema y haz que tus seguidores argumenten. Conseguirás que se persuadan prácticamente a sí mismos, minimizando tu esfuerzo posterior para la venta.

 

No os voy a engañar: lo de ser publicista es un follón. Haceros cargo de que estamos locos por algo. Pero otra cosa os voy a decir: estas técnicas nos ayudan muchísimo a no pasar de la delgada línea que separa al loco de a pie del de camisa de fuerza. Porque funcionan, señores. Funcionan. Eso sí, sois libres de probarlas. Que no quiero ser yo quien os elija al novio.

 

¡Hasta la semana que viene!

 

  • ana.m.velandia - Aaaaayyy yo quiero más!!!! Quiero aprender más trucos persuasivos.
    Llevo unas semanas perdida (secuestrada, más bien) de estos ruidosos mundos y me estoy perdiendo tu mudanza. Yo empiezo otra si todo va bien en breve, no hay dolor!
    Mucho mucho ánimo y mucha suerte con ella :*ResponderCancelar

  • ANA - Susana, yo me sé unas cuantas técnicas, que para eso me dedico al copywriting, pero quiero que me lo cuentes tú con esa gracia natural que tienes y esos posts cargados de confetti y serpentinas con los que nos deleitas todas las semanas.
    Ánimo con la mudanza, no puede ser peor que la mía, que la hice una semana después de haber tenido a mi segunda hija y no sé cómo, pero sobreviví.ResponderCancelar