Cosas que suceden mientras no nos damos cuenta
… De repente, me despierto una mañana, tengo 34 años y se celebra la boda de una de mis mejores amigas. A veces no es fácil sentir que pasa el tiempo. Estamos pendientes de demasiadas cosas como para notar el pulso de nuestra propia sangre, el hormigueo de la vida que subyace debajo de todo aquello a lo que ponemos el cartel de importante sin que lo sea. Yo he dejado pasar muchos años sin conciencia, viviéndolos a medias, en el limbo del tiempo que pasa sin que intentemos atraparlo verdaderamente. Si hace diez años me hubieran preguntado cómo me imaginaba que sería mi vida a estas alturas, jamás habría dicho que iba a abandonar un trabajo estable en la agencia de publicidad para perseguir sueños intangibles, ni que iba a dejar de planificar campañas de presupuestos millonarios para ayudar a pequeños negocios, ni que encontraría una de mis mayores pasiones en la fotografía, ¡ni tantas otras cosas! Han sido cambios profundos, imperiosos e inesperados, han viajado a través de torrentes invisibles, imparables. Han estado latiendo en mi garganta hasta convertirse en un grito imposible de ignorar. Hoy puedo medir el pulso del universo en el compás de mi